Skip to content
Sabor en Movimiento

Sabor en Movimiento Facebook ad: “Me falló el sistema que yo defendía.”

Sabor en Movimiento Facebook ad: Me falló el sistema que yo defendía.

Ran for 79 days, from May 20 to August 7, 2026, the last day Crush saw it.

Run by Sabor en Movimiento on Facebook. Crush is not the advertiser and does not verify its claims. See this ad in Meta's Ad Library(opens in a new tab)

Want an ad like this for your product?

Crush makes new ad images for your product from this ad: your logo, your product photo, your offer.

Trials from $19.95 USD, then $79.95 USD a month. Cancel anytime.

About this ad

Meta Ad Library ID
1373320254708278
Platforms
Facebook, Instagram, Messenger and Threads
Relaunches
0

How we count

Ad text

El día que una paciente de 71 años me enseñó lo que 3 endocrinólogos no supieron decirme. Hay algo que no me animaba a contarle ni a mi esposo. Cada vez que me duchaba, antes de agarrar el shampoo, miraba el piso de la ducha. Y contaba. Contaba los pelos. Como si eso fuera a cambiar algo. Como si llevar la cuenta me diera algún control sobre algo que se me estaba yendo de las manos. Literalmente. Yo soy enfermera. Conozco cada rincón de un hospital. Sé leer unos exámenes de laboratorio mejor que muchos médicos que firmaron esas órdenes. Y aun así, ahí estaba. Parada en la ducha, con un mechón en la mano, llorando en silencio para que mis hijas no me escucharan. El sistema que yo defiendo todos los días me estaba fallando a mí. --- **LA MUJER DETRÁS DEL UNIFORME** Me llamo Marcela. Tengo 49 años, vivo en Soacha, y trabajo en el Hospital Mario Gaitán Yanguas desde hace dieciséis años. Soy enfermera de planta en el servicio de clínica médica. Conozco a los médicos por el nombre, sé qué residente tiene buena mano y cuál te manda a la casa con un acetaminofén y una sonrisa. Mis hijas, Valentina y Daniela, tienen 22 y 19. Mi esposo, Gustavo, trabaja en una entidad del municipio. Una familia normal del sur de Bogotá. Empecé a notar que algo andaba mal hace unos tres años. Al principio lo achaqué al estrés del trabajo, a la pandemia que todavía nos tenía a todos agotados, a la edad. "Ya vas a cumplir cincuenta, Marcela, es normal." Eso me decían. Eso me decía yo misma. Pero hay cosas que el cuerpo te dice y tú sabes, en algún lugar muy adentro, que no son "normales". Las sabes porque las reconoces. Las reconoces porque las viste en pacientes. --- **LA MAÑANA QUE LO CAMBIÓ TODO** Fue un martes de junio del año pasado. Turno de mañana. Entré al hospital con frío aunque tenía puesta la chaqueta más gruesa que tengo, y mis compañeras andaban en manga corta. Llegué a la casa a las tres de la tarde y me tiré en la cama. No porque hubiera tenido un turno pesado. Habíamos tenido una mañana tranquila, casi aburrida. Y yo estaba destruida. Como si hubiera corrido una maratón. Gustavo me trajo el tinto. Yo no tuve fuerzas ni para tomarlo. "¿Qué te pasa, Marce?" "Nada. Estoy cansada." "Estás siempre cansada." Y tenía razón. Llevaba meses así. El pelo se me caía en cantidades que me asustaban. Tenía frío todo el tiempo. Me había subido casi diez kilos en un año y medio sin comer nada diferente. Me costaba concentrarme en el trabajo, y eso sí me daba terror, porque cuando eres enfermera no puedes darte el lujo de no concentrarte. Pedí cita con la endocrinóloga. Dra. González, en una clínica privada en Chapinero, porque en el hospital por EPS tardaban cuatro meses. La consulta me costó $280.000 pesos, que con el sueldo de enfermera se siente, pero bueno. La salud es la salud. Me mandó los exámenes completos. TSH, T3, T4, anticuerpos. Todo. Volví dos semanas después. Me senté frente a ella. Ella miró los números en la pantalla. "Sus valores están en rango, Marcela. La TSH está un poquito elevada, 4.8, pero dentro del límite. Diría que es un hipotiroidismo subclínico. Por ahora no se trata." "¿Y los síntomas?" "Puede ser estrés. La menopausia que se acerca. ¿Está durmiendo bien?" Soy enfermera. Sé lo que significa "por ahora no se trata." Significa: váyase a la casa y viva así. --- **UN AÑO BUSCANDO LO QUE EL SISTEMA NO TENÍA** No me quedé quieta. Nunca me quedé quieta. Busqué una segunda opinión. Otro endocrinólogo, consultorio en Kennedy, $250.000 pesos la consulta. Mismo resultado. "Subclínico, sin tratamiento por ahora." Fui a una médica funcional que una amiga me recomendó. Consultorio en el norte de Bogotá, $450.000 pesos. Me habló de protocolos, de inflamación sistémica, de intestino permeable. Me recetó un montón de suplementos que terminé comprando en una tienda naturista de la Caracas. Gastamos casi $800.000 pesos en dos meses. El selenio, el zinc, el magnesio, las cápsulas de esto, las perlas de lo otro. Nada. El pelo seguía cayéndose. El frío seguía. El cansancio, igual. Entre consultas, suplementos y exámenes de control, habré gastado cerca de $3.000.000 pesos en ese año. Y seguía igual. O peor. --- **EL DÍA QUE ME ROMPÍ** Una noche de agosto me quedé dormida en el sofá antes de las nueve de la noche. Me despertó Daniela, mi hija menor. "Mamá, ¿está bien?" Abrí los ojos. El televisor encendido. El plato de la comida a medio terminar en la mesita. Gustavo mirándome desde el otro sillón con esa cara de preocupación que ya me había aprendido de memoria. "Estoy bien." "Mamá, no está bien. Hace meses que no está bien." Tenía 19 años y me lo estaba diciendo con una claridad que yo no me daba a mí misma. Me fui al baño. Me miré en el espejo. Tenía el pelo finísimo en las sienes. Las ojeras negras. Estaba hinchada. No era mi cara. Era la cara de una mujer que está peleando con algo y perdiendo. Pensé en todas mis pacientes que me habían dicho "el médico me dice que estoy bien pero yo sé que algo está mal" y yo les había creído, siempre les había creído. Y sin embargo, cuando me lo decían a mí los médicos, una parte de mí seguía dudando de mí misma. Eso fue lo más humillante. Que yo, que sé lo que sé, igualmente me dejé convencer de que quizás era el estrés. Quizás la edad. Quizás yo. --- **LA PREGUNTA QUE LO CAMBIÓ TODO** Unos días después tuve en mi servicio a una señora, doña Carmen, 71 años, Hashimoto diagnosticado hacía quince años. Vino por una hospitalización corta, nada grave. Y mientras yo la controlaba, la miraba y pensaba: esta mujer tiene Hashimoto desde hace quince años y está caminando sola por el pasillo, está hablando animada, tiene el pelo abundante. No pude evitarlo. "Doña Carmen, ¿puedo preguntarle algo personal?" Ella me miró con esa tranquilidad que tienen algunas señoras mayores que ya no tienen miedo de nada. "Claro, mi amor." "¿Cómo hace? Quiero decir... con el Hashimoto. Quince años es mucho tiempo. ¿Qué cambió?" Ella se quedó pensando un momento. "Hace tres años mi hija me trajo un recetario. Recetas especiales para tiroides. Al principio le dije que era una bobada. Pero lo empecé a usar porque ella insistió, y al mes ya dormía mejor. En tres meses el pelo me dejó de caer. Mi endocrinóloga me preguntó qué había cambiado." Yo la seguía escuchando sin decir nada. "La comida, Marcela. Nadie te dice cómo comer para la tiroides. Te dan lo que toman y listo. Pero lo que comes todos los días importa tanto como cualquier otra cosa." --- **EL RECETARIO** Esa tarde, cuando terminé el turno, le pedí el nombre a doña Carmen. Me lo escribió en un papelito con letra de señora mayor. Su hija se lo había conseguido por internet: *Cocina Deliciosa para Tiroides*. Sesenta recetas organizadas por tipo de tiroides: hipotiroidismo, hipertiroidismo, Hashimoto. Desayunos, almuerzos, comidas, postres. Con la lista de lo que ayuda y lo que inflama. Con combinaciones de ingredientes concretos: selenio del atún, zinc de las semillas de calabaza, cúrcuma para la inflamación. Costaba $63.000 pesos. Dudé diez segundos. Pensé en los $3.000.000 pesos que había gastado en un año. Abrí la pantalla. --- **LO PRIMERO QUE NOTÉ** A los doce días. No a los tres meses. A los doce días. Me levanté a las seis para el turno. Me hice el desayuno del recetario: avena con semillas de chía, banano y un puñado de nueces. Salí de la casa. Llegué al hospital. Y a las once de la mañana me di cuenta de que todavía no había bostezado. Parece una bobada. No lo era. Llevaba meses despertarme ya cansada, arrastrarme hasta el mediodía, tomar el tercer tinto para aguantar el turno. Ese día a las once estaba parada, concentrada, sin ese peso encima. Me quedé quieta en el pasillo un momento. ¿Cuándo fue la última vez que me sentí así? --- **LO QUE FUE PASANDO** Al mes, el frío. Empezó a aflojar. Todavía lo tenía, pero ya no me ponía la chaqueta cuando mis compañeras andaban en manga corta. Me sumé a ellas. A los dos meses, el pelo. Seguía cayendo, pero menos. Mucho menos. Dejé de contar los pelos en la ducha. Después de meses haciéndolo, simplemente lo dejé de hacer. A los tres meses bajé cuatro kilos. Sin dieta. Sin pasar hambre. Comiendo los almuerzos del recetario: la sopa de lentejas con cúrcuma, el pollo con espinaca y ajonjolí, las ensaladas con semillas. Comida real, de cualquier plaza de mercado del barrio, sin gastar más de lo que ya gastaba. A los cuatro meses me hice los exámenes sola, por curiosidad. TSH: 3.1. Dos puntos menos que antes. Cuando fui al control con la Dra. González, ella miró los números y levantó la vista. "¿Qué hizo, Marcela?" Y yo, por primera vez en mucho tiempo, sonreí. --- **LO QUE NINGÚN MÉDICO ME DIJO** Después de todo esto entendí algo que me parece indignante, honestamente. El sistema médico mira los números. La TSH, el T4, los anticuerpos. Y si están "en rango", listo. Pero nadie te dice qué poner en el plato. Nadie te explica que el brócoli crudo puede interferir con la absorción. Que la soya afecta. Que hay combinaciones de alimentos que activan o frenan la función tiroidea. Que el selenio que necesita la tiroides está en el atún, en las nueces del Brasil, en las semillas. Que puedes comer rico, fácil, sin gastar una fortuna, y que eso cambia todo. Yo lo aprendí de una paciente de 71 años en un pasillo de hospital. --- **POR QUÉ TE CUENTO ESTO** Porque en mi servicio veo mujeres así todos los días. Mujeres que llegan con carpetas llenas de exámenes "normales" y caras de no dormir hace meses. Mujeres que se sienten locas porque el médico les dice que están bien y ellas saben que no. Mujeres que gastaron lo que no tenían en suplementos que no les cambiaron nada. Si eres una de ellas, esto es para ti. --- **QUÉ ES Y QUÉ TIENE** *Cocina Deliciosa para Tiroides* es un recetario digital con 60 recetas completas: 15 desayunos, 15 almuerzos, 15 comidas y 15 postres, organizadas por condición tiroidea: hipotiroidismo, hipertiroidismo y Hashimoto. Incluye guía de alimentos permitidos y prohibidos, lista de mercado semanal descargable, y tips de sustituciones para lo que no consigues. Todo con ingredientes que compras en cualquier plaza de mercado o tienda de barrio. Sin nada raro, sin gastar de más. Es complemento de tu tratamiento médico, no un reemplazo. Los resultados varían. Pero lo que comes todos los días importa, y nadie te lo estaba diciendo. --- **LO QUE DICEN OTRAS** Patricia, 54 años, de Medellín: *"En seis semanas bajé tres kilos y medio y recuperé la energía. Mi esposo dice que volví a ser yo."* Silvana, 47 años, de Cali: *"Tengo Hashimoto hace ocho años. Nunca nadie me explicó qué comer. Las recetas de comida son las que más me cambiaron. El estreñimiento que tenía hace años desapareció en tres semanas."* Graciela, 61 años, de Barranquilla: *"El pelo. Eso fue lo primero. En el primer mes ya se me caía mucho menos. Mi hija me lo notó antes que yo."* --- **POR QUÉ AHORA Y NO DESPUÉS** El precio es $63.000 pesos. Una sola consulta con un endocrinólogo privado te cuesta entre $250.000 y $450.000 pesos. Y te mandan a la casa con "por ahora no se trata." Este recetario te lo llevas hoy. Lo usas de por vida. Lo actualizan y sigues teniendo acceso. Y tiene 60 días de garantía: si no te cambia nada, pides el reembolso y te devuelven todo. Pero lo que no tiene garantía es seguir esperando. Cada mes que pasa con ese cansancio encima, con ese pelo que se va, con ese frío que no afloja, es un mes que no vuelves. Yo esperé tres años. Gastando plata que no tenía en cosas que no me cambiaron nada. Y la respuesta estaba en el plato. Haz clic en el botón Ver Más para obtener tu recetario. --- *P.D.: Doña Carmen se fue del hospital dos días después de esa conversación. Antes de irse, me tomó la mano en el pasillo y me dijo: "Cuídese usted también, mi amor. No solo a los demás." Fue lo más importante que me dijeron en todo ese año. Y tenía razón.*

cocinaactiva.lat

Me falló el sistema que yo defendía...

Desayunos, almuerzos, cenas y postres diseñados especialmente para hipotiroidismo, hipertiroidismo y Hashimoto. Recetas fáciles, deliciosas y seguras para tu tiroides — sin gluten, sin complicaciones.

Watch more: cocinaactiva.lat(opens in a new tab)

More from Sabor en Movimiento

  • Sabor en Movimiento Facebook ad: El espejo que me rompió por dentro.

    Ran 10 days

More ads from the top 1,000

See the top 1,000 ads