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Dr. Saul Méndez
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Gasté más de 12 millones de pesos en tratamientos para la próstata durante siete años. Un farmacéutico francés jubilado que conocí en unas vacaciones en Santa Marta me contó lo que los médicos europeos saben desde los años 70. Y me costó una fracción de lo que venía pagando. Mi nombre es Luis Eduardo Restrepo. Tengo 67 años. Soy tornero jubilado y vivo en Medellín. Mi esposa, Carmenza, y yo vendimos el apartamento grande en 2022 y compramos una camioneta bien equipada y una pequeña casita de campo en el Eje Cafetero. El plan era sencillo: vivir tranquilos, viajar por carretera por toda Colombia y conocer cada rincón del país antes de estar demasiado viejos para caminar. Pero mi próstata tenía otros planes. La hiperplasia (el crecimiento de la próstata) me pegó a los 58. A los 62, ya me levantaba cuatro veces por noche al baño. A los 65, eran cinco veces. En la casita de campo, el baño está justo al lado del cuarto. Cada vez que me levantaba, el piso crujía. Carmenza se despertaba cada bendita vez. En la ciudad, ella podía irse a otro cuarto, pero en el campo o viajando, no había a dónde ir. Ella empezó a usar tapones para los oídos, pero no servían de nada. No hay tapón que valga cuando sientes a alguien levantándose al lado tuyo cinco veces por noche. Casi vendemos la camioneta el año pasado. Carmenza me dijo: "Luis, amo viajar, pero no puedo vivir así. No he dormido una noche completa en tres años". Tres años. Ella había estado sufriendo tanto como yo, o quizás más. Durante siete años, probé todo lo que la medicina tradicional me ofrecía: Tamsulosina (Flomax): La tomé 14 meses. Mejoró el chorro, pero los mareos eran terribles. Una vez, en un parador en la vía a la Costa, me levanté muy rápido de la silla y casi me voy de bruces contra el pavimento. Me raspé toda la mano. Además, el tema de la "eyaculación seca" fue la gota que colmó el vaso. Finasterida: Compré la caja, leí las advertencias esa noche (disfunción sexual, efectos persistentes) y la boté a la basura al día siguiente. No me iba a arriesgar a eso. Sabal (Saw Palmetto) de droguería: Probé tres marcas diferentes por 11 meses. Nada. Suplementos costosos de televisión: 4 meses. Nada. Productos de farmacias naturistas: 3 meses. Una pérdida de plata. En total, el daño financiero fue de unos 12 millones de pesos entre copagos, citas particulares y remedios que no servían. Mejora total: cero. El encuentro que lo cambió todo En enero pasado, estábamos en un hotel en Cartagena. Había mucha gente de vacaciones. Me senté en la orilla de la piscina y empecé a hablar con un señor llamado Jean-Pierre. Era un francés de unos 73 años, farmacéutico jubilado de Lyon. No sé cómo terminamos hablando de eso, pero a nuestra edad, uno termina hablando de salud rápido. Le mencioné mis cinco viajes al baño cada noche. Jean-Pierre me miró como si yo fuera un bicho raro. "¿Por qué no estás usando los extractos botánicos de verdad?", me preguntó. "Ya probé el Saw Palmetto y no me sirvió", le dije. Él sacudió la cabeza. "No, no el Saw Palmetto barato de supermercado. Hablo de la preparación farmacéutica. En Francia usamos extractos estandarizados desde los años 70. Yo los despaché por 35 años en mi farmacia". "¿Me está diciendo que en Francia los médicos recetan plantas?", pregunté incrédulo. "Como primer tratamiento, sí. Antes de cualquier droga química. El extracto tiene que ser puro y la dosis exacta. Pero el secreto es la combinación: Sabal, Pigeum africano y Raíz de Ortiga. Esa mezcla ataca el problema por varios lados. Pero lo más importante es cómo lo tomas". Ahí fue cuando me dijo algo que cambió todo: "La mejor forma de absorber estos extractos no es en pastillas. Es sublingual. Debajo de la lengua. Así saltas el estómago y el hígado, y va directo a la sangre. En Estados Unidos y aquí les dan cápsulas gigantes de 'pasto molido' y se preguntan por qué no funcionan". Hablamos por dos horas. Me explicó que el sistema digestivo de un hombre de 60 años destruye la mayoría de las cápsulas antes de que hagan efecto. Me explicó que la próstata necesita una combinación: el Sabal bloquea la hormona que la hace crecer (DHT), el Pigeum reduce la inflamación y la Ortiga evita que las hormonas se peguen a la próstata. Antes de irse, me anotó en una servilleta: "Busca una fórmula sublingual. Que tenga Zinc y NAD+ para que las células tengan energía para repararse". La solución: BOOSTIVA Busqué por días hasta que encontré BOOSTIVA. Es un gotero sublingual. Tiene todo: Sabal (Saw Palmetto), Pigeum, Raíz de Ortiga, Zinc y NAD+. Todo en gotas para poner debajo de la lengua. El precio era apenas una fracción de lo que gastaba antes y tenía garantía de satisfacción. Le mostré los ingredientes a Jean-Pierre antes de que se fuera del hotel. Los leyó con cuidado y asintió: "Esto es exactamente lo que yo recomendaría en mi farmacia en Lyon. Pruébalo". Seis semanas después, mi vida era otra. Hoy en día, paso de cinco viajes al baño a uno solo. Algunas noches, ninguna. Carmenza ya no usa tapones para los oídos. Ya no siente la cama moverse cinco veces por noche. El mes pasado manejamos de Medellín a la Guajira —un viaje largo— y solo paré dos veces al baño. Antes, me tocaba tener un mapa de cada gasolinera del camino. Ella me dice: "Luis Eduardo, siento que recuperé a mi esposo". No vamos a vender la casita. Vamos a seguir viajando. Y estoy durmiendo toda la noche de corrido, algo que no lograba hacer ni en mi casa más lujosa hace seis meses. BOOSTIVA es lo que los farmacéuticos europeos han despachado por 50 años y lo que muchos médicos aquí han ignorado por puro negocio. Haz clic abajo para probarlo sin riesgo. P.D. — Jean-Pierre me pidió que dijera esto: "Dígale a los hombres que en Europa consideramos un error recetar químicos fuertes antes de probar la fitoterapia. Sus médicos se están saltando el paso más seguro y efectivo. Eso no es medicina, es mercadeo". Tenía razón. Y ahora yo también lo sé. Sin recetas raras, sin cirugías y sin efectos secundarios. Solo la medicina que funciona.

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