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En el registro civil, mi prometido no apareció, pero sí su hermano: — Mi hermano está ocupado mimando a su amante. ¿Qué tal si te casas conmigo? En un arrebato de ira, acabé convirtiéndome en la cuñada de mi prometido. Esa noche, el canalla llamó, furioso: — ¿No podías haber dejado el registro para otro día? ¿Tenías que montar ese drama y ni siquiera volver a casa? El hombre encima de mí aceleró los movimientos, arrancándome un gemido, y susurró, con la respiración entrecortada: — ¿Lo has oído? Tu cuñada y yo estamos ocupados en nuestra noche de bodas. *** Capítulo 1 —Se supone que hoy te ibas a casar con Vanessa, ¿no? ¿No te da miedo que se enoje si no vas? —Todo el mundo sabe que ella no puede vivir sin él. Aunque sepa que no fuiste por estar con Nati, no se va a atrever a reclamarte. —Exacto. Vanessa no es tan importante como Nati; Alexis la ha cuidado desde que eran niños... Ellos hablaban de Natalia Cisneros, ella era como una hermana para Alexis. Vanessa León estaba parada frente a la puerta del salón privado y sintió que se le helaba la sangre. Ese era el tipo al que había amado por años; alguien que no valía la pena. Apretó los puños con tanta fuerza que le crujieron los huesos, pero el dolor no se comparaba ni un poco con el vacío que sentía. Tomó aire profundamente y abrió la puerta. ¡Pum! El alboroto del salón se detuvo y el lugar quedó en silencio. —Vanessa... —exclamaron varios, sorprendidos. La mujer que apareció en la entrada era de piel clara, atractiva y de piernas largas. El vestido rosa resaltaba su cintura y llevaba el cabello recogido con un estilo sencillo que la hacía lucir encantadora. Sin embargo, en ese momento su mirada tenía un objetivo claro. Recorrió a Alexis y a Natalia con la mirada y soltó una carcajada sarcástica. —¿Así que esta es la razón por la que no pudiste ir al registro civil? Él pareció sentirse culpable y se acercó. —Podemos ir a hacer oficial nuestro matrimonio en cualquier momento. Nati acaba de llegar del extranjero y, como su hermano, lo mínimo que podía hacer era organizarle una bienvenida. —Solo hay un aniversario de novios al año —respondió ella con una sonrisa burlona—, ¿en serio no te importa? ¿No sabes que si no lo hacemos hoy, tendremos que esperar hasta el próximo año? Lo habían planeado juntos: querían que la fecha de su aniversario se convirtiera en la de su boda. Pero era obvio que él no tenía intenciones de oficializar su matrimonio con ella. A la que quería era a Natalia, su amiga de toda la infancia. Tal vez al notar lo extraño, Alexis intentó tomarla del brazo. —No empieces con lo mismo. Regresando a casa te explico todo. Vanessa se soltó de un movimiento brusco. En ese momento, Natalia intervino. —Perdón, fue mi culpa. No sabía que hoy tenían lo del registro —dijo bajando la cabeza, con un tono tan apenado que parecía que ella era la víctima. Como siempre le había tenido resentimiento, no le respondió. Natalia levantó la mirada con los ojos llorosos, viéndose muy frágil. —Por favor, perdóname. En serio les deseo lo mejor a ti y a mi hermano. —¿Lo mejor? —Vanessa soltó un resoplido de fastidio—. ¿Podrías dejar de actuar? Si en serio nos desearas algo bueno, ni siquiera hubieras vuelto. La expresión de Alexis se endureció. —No seas tan grosera. —¿Qué? ¿Te molestó que hablara de tu “cariñito”? —preguntó ella, mirándolo como si fuera un extraño. Él ya lucía bastante molesto y le reclamó en voz baja: —¡Ten cuidado y no digas estupideces! Vanessa notó lo mucho que protegía a su supuesta hermanita. Si tanto quería defenderla, ella le daría el gusto. —Si ya lo hicieron, ¿por qué les da miedo que la gente hable? A Natalia se le pusieron los ojos rojos y mostró una cara de decepción. —Mi hermano y yo no tenemos nada de lo que te imaginas. ¿Podrías dejar de malinterpretarme como siempre? Si hubiera sabido que mi regreso iba a causar que pelearan, mejor no hubiera regresado. Su voz se quebró y empezó a sollozar, provocando que los demás en el salón se sintieran mal por ella y comenzaran a atacar a Vanessa. —Te pasas. Ellos son como hermanos, ¿cómo puedes tener celos de eso? —Es cierto. Nati se fue del país hace tres años solo porque tú no la soportabas. Se sacrificó por ustedes, ¿y vas a empezar con lo mismo otra vez? —Ten cuidado, no sea que Alexis se harte y te mande a volar. Vanessa observó a todos esos tipos tan indignados y se mantuvo tranquila. Antes, por su relación con Alexis, solía ser muy tolerante con sus amistades. No decía nada cuando se burlaban de ella o cuando hablaban mal a sus espaldas, pero esa vez no se iba a dejar. Su mirada se volvió afilada. —¿O sea que una hermana que se la vive pegada a su hermano tiene la razón? ¿A todos ustedes les patearon la cabeza o les gusta ver ese tipo de relaciones prohibidas? Si quieren, yo me quito para que les den el espectáculo completo. Todos se quedaron mudos. No esperaban que la mujer que siempre había sido sumisa frente a Alexis se volviera tan tajante. Sus palabras habían sido directas y pesadas. —¿Por qué me insultas así? —Natalia parecía a punto de derrumbarse—. Si no te agrado está bien, pero mi hermano te quiere mucho y ha hecho tanto por ti, ¿por qué no puedes estar satisfecha? Vanessa arrugó la frente. Quizá otros no lo sabían, pero ella conocía lo manipuladora que era esa mujer. Se conocían desde hace diez años y había sido novia de Alexis por cinco. La primera vez, en el cumpleaños de Vanessa, Natalia llamó a Alexis para decirle que había tenido un accidente y él se fue a buscarla. La segunda vez, en San Valentín, ella llamó llorando porque supuestamente quería quitarse la vida tras una ruptura amorosa. La tercera, la cuarta vez... siempre había una excusa para que él la dejara sola, y él siempre elegía irse con Natalia. Hace tres años, cuando ella decidió irse al extranjero, todos pensaron que Vanessa la había obligado. Sostuvo la mirada fija en Natalia, con desprecio. —¿Una relación normal de hermanos haría que alguien cancelara algo tan importante como un registro de matrimonio? Lo que pasa es que uno es un cínico y la otra es una ofrecida. Y ahora resulta que la mala soy yo y que debo ser comprensiva, ¿por qué? ¿Solo porque no tienen vergüenza? Natalia se puso roja de la humillación. Como no supo qué contestar, comenzó a llorar. Alexis perdió los estribos y le gritó a Vanessa con la cara encendida de furia: —¡Ya basta! ¿No te das cuenta de lo ridícula que te ves? Es solo un papel. Si no pudimos hoy, lo hacemos el día de tu cumpleaños y ya, ¿cuál es el drama? ¿Por qué no puedes ser más madura? —¿Madura? —Vanessa sintió una extraña calma en su interior—. Está bien. Alexis, terminamos. Los presentes se quedaron helados. Él se quedó pasmado unos segundos antes de responder con molestia: —¿Otra vez con lo mismo? Hace tres años saliste con lo de terminar y por eso Nati se fue, para que no nos separáramos. ¿Vas a seguir con tus juegos para intentar echarla de nuevo? ¡Qué mala persona eres! Ya acepté casarme contigo y aun así no la dejas en paz. ¿La quieres atacar hasta matarla? Si vas a seguir siendo así de maldita, ¡no me casaré contigo! Natalia disfrutaba la protección de Alexis y, al agachar la cabeza, una chispa triunfal cruzó por sus ojos. Al escucharlo, Vanessa mostró una sonrisa brillante, con el brillo de su nuevo camino claro en su mente. —Me parece perfecto. No nos casemos, cancelamos todo. Dicho esto, se dio la vuelta para irse. Alexis le gritó a sus espaldas con tono de amenaza: —Si te atreves a cruzar esa puerta sin pedirle perdón a Nati, ¡no te voy a perdonar nunca! Todos imaginaron que ella se doblegaría y pediría disculpas, pues sabían cuánto lo amaba. Pero se equivocaron. Se detuvo, giró la cabeza para mirarlos a todos y levantó la mirada como si fuera a prestar un juramento. —Ya que están todos de testigos, escuchen bien: yo, Vanessa León, juro aquí mismo que termino con Alexis y que nunca nos casaremos. Si llego a romper este juramento, ¡que él se quede solo, que no tenga hijos y que tenga un final miserable! Tras decir eso, ignoró a los presentes que se habían quedado con la boca abierta y salió del salón con paso firme. Una vez en el taxi que pidió por la aplicación, empezó a bloquear a Alexis de todos lados. Estaba sumida en sus pensamientos cuando el sonido de una llamada la trajo de vuelta a la realidad. Miró el número, que le resultaba extrañamente conocido, y sintió que el corazón se le detenía por un instante. Al contestar, una voz de hombre, elegante, se escuchó del otro lado. —Si quieres casarte, ¿por qué no me consideras a mí? Capítulo 2 Una voz burlona le llegó a los oídos y a Vanessa le tomó un momento reaccionar. —¿Es en serio? Tu hermano acaba de jugar conmigo y ahora es tu turno, ¿no? Al otro lado de la línea estaba Rafael Cisneros, el hermano mayor de Alexis. Cuando ella apenas empezaba su relación, Rafael nunca la trató bien; siempre se portó muy seco con ella. —¿Te dejaron plantada una vez y ya tienes miedo de la segunda? —Rafael dijo con sarcasmo—. Esa no es la Vanessa aventada que conozco, la que nunca mide las consecuencias. Era de armas tomar y no soportaba que la provocaran. —Voy a ir, no te tengo miedo —respondió por puro orgullo—. Aunque acepte, a estas horas el registro civil ya debe estar cerrado. —De eso no tienes que preocuparte —sentenció él. Veinte minutos después, Vanessa llegó otra vez a la entrada del registro civil. La figura elegante y distinguida de Rafael apareció frente a ella. Tenía una cara tan perfecta que resultaba impactante, era imposible no quedarse admirándola. Sobre todo, por ese aire de autoridad que lo rodeaba; su mera presencia era imponente. Alexis siempre había sido considerado el más guapo de su grupo, pero no le llegaba ni a los talones a su hermano. —Vaya, sí te atreviste a venir —comentó Rafael con una media sonrisa, mientras sus ojos brillantes mostraban un toque de malicia. Al tenerlo enfrente, Vanessa perdió la valentía que había mostrado por teléfono y se sintió intimidada. —Aunque haya venido, no servirá de nada. No veo a nadie afuera, parece que ya van a cerrar. Rafael arqueó una ceja, miró hacia la entrada principal a sus espaldas y bajó el tono de voz. —¿En serio te vas a casar conmigo? ¿Ya lo pensaste bien? Ella no quiso quedarse atrás. —Si tú no tienes miedo, yo menos. ¿Qué podría pasar? En realidad, pensaba que el que debería estar preocupado era él. Después de todo, él y Alexis eran hermanos. —Qué valiente me saliste. Rafael mostró un brillo de aprobación casi imperceptible en la mirada, la tomó de la muñeca y la obligó a caminar hacia el interior del edificio. Vanessa se quedó helada. ¿En serio... en serio lo iban a hacer? De pronto se detuvo en seco. Él se dio la vuelta para verla y levantó una ceja. —¿Qué? ¿Ya te dio miedo? Ella dudó solo un instante. —¿Por qué quieres casarte conmigo? Era obvio que ella no le gustaba. Rafael se rio. —Tengo que casarme tarde o temprano, ¿no? En lugar de perder el tiempo buscando a alguien más, prefiero elegir a quien ya tiene la aprobación de mi familia. Vanessa no preguntó nada más. Quizá era por la larga amistad entre sus familias. Los padres de él y su abuelo, Antonio Cisneros, siempre la habían adorado. Visto así, lo que dijo tenía sentido. *** En menos de diez minutos, ambos salieron del registro civil. Cada uno llevaba en la mano un acta de matrimonio. Ella estaba distraída mirando el documento, pero la voz cortante de Rafael la sacó de sus pensamientos. —Ya no sirve de nada arrepentirse. Aunque entres ahora a pedir el divorcio, tendrías que esperar un largo trámite burocrático. “¡Qué mala suerte!”, pensó ella. “Apenas nos casamos y ya está hablando de divorciarse. ¿Quién dijo que yo quería eso?” Vanessa puso los ojos en blanco, pero mantuvo la cortesía. —Solo espero que tú no seas el que se arrepienta, Rafael. Mientras ella bajaba las escaleras, él estiró el brazo y la atrajo hacia su pecho con fuerza. Vanessa quedó pegada a él. Aunque ella medía un metro con sesenta y siete centímetros, se veía pequeña a su lado. El aroma a cedro que emanaba de Rafael inundó sus sentidos, haciendo que, por alguna razón, sintiera que el corazón se le aceleraba. Se puso roja. —¿A dónde vas? —le preguntó él con voz profunda. Vanessa tardó unos segundos en recuperar la compostura y normalizar su respiración. —A mi casa, obvio. —¿Te acabas de casar y ya te quieres separar de tu esposo? Rafael la miró. Se fijó en cómo sus pestañas largas y oscuras aleteaban sin parar. Su cara blanca estaba encendida con un rubor suave. Tenía esa belleza que mezclaba la inocencia con algo más provocativo, una elegancia natural que resultaba muy atractiva. —... Se me olvidó. Levantó la mirada y se encontró con sus ojos fijos en ella, sin notar la intensidad oculta en sus ojos. Él desvió la mirada discretamente y la soltó. —Sígueme. Dicho esto, empezó a bajar las escaleras. Vanessa no le dio más vueltas y lo siguió. Al final, ya eran esposos ante la ley, no era como si la fuera a secuestrar. Además, pensar en que ahora su exnovio sería su cuñado le daba una satisfacción enorme. *** Ubicada en la zona de San Pedro, en un terreno carísimo, se levantaba la mansión de la Sierra. La decoración parecía sencilla a primera vista, pero cada detalle gritaba lujo y exclusividad. Vanessa se quedó parada en medio de la sala, mirando a Rafael con confusión. —¿Y esto? —Nuestra casa —respondió él de forma directa—. Aquí vas a vivir a partir de ahora. —¿Y tú? —preguntó ella casi sin pensar. Rafael arrugó un poco la frente, restándole importancia. —¿Tanto te afectó lo de mi hermano que ya ni entiendes qué significa una casa de casados? Daba a entender que, obviamente, él también viviría ahí. Vanessa hizo una mueca de incomodidad y pensó que seguía siendo tan sarcástico como siempre. Igual que hace diez años cuando lo conoció: siempre haciendo bromas pesadas y desagradables. ¡Qué tipo tan insoportable! *** Rafael le ordenó a Juana, el ama de llaves, que le mostrara toda la propiedad, y luego subió las escaleras. Vanessa pudo respirar tranquila. Tenía una actitud tan pesada, como si ella le debiera dinero. Después de recorrer el lugar con la empleada, se dio cuenta de que la mansión era inmensa; tenía cinco pisos, ascensor interno y un equipo de diez personas trabajando, todos recién llegados. Por lo que contó Juana, Rafael apenas había regresado del extranjero esa mañana. Vanessa se sorprendió. “¿Apenas llegó y ya sabía que Alexis me había dejado plantada? ¿Será que se casó conmigo solo para vengarse por lo que pasó hace tres años?” Quería buscarlo para aclarar las cosas, pero le dijeron que estaba ocupado en el despacho. No le quedó de otra más que esperar, y de tanto esperar, se quedó dormida boca abajo en el sofá de la recámara principal. Sintió un movimiento sobre ella y abrió los ojos con pesadez. La cara atractiva de Rafael estaba justo frente a la suya. —¿Qué haces? —Vanessa sintió que el aire se le escapaba y se cubrió el pecho con las manos, totalmente alerta. Él retiró los dedos de la manta que la cubría y sus labios se movieron. —Tranquila, no estoy tan necesitado como para fijarme en alguien con tan poco cuerpo. A Vanessa le hirvió la sangre de inmediato. —¡Ya no soy la misma de hace tres años, ahora estoy mucho más formada! Con un arranque de coraje, le tomó la mano a Rafael y lo acercó a su cuerpo... Pero en el último segundo recuperó el juicio. “Estoy loca”, pensó ella. En cinco años de noviazgo con Alexis, ni siquiera se habían dado un beso decente. Y ahora, estuvo a punto de... Al ver que Vanessa estaba roja hasta las orejas, Rafael sonrió burlón, provocándola a propósito. —¿Por qué te detienes? ¿Te dio miedo que me diera cuenta de que no es para tanto? Sentía la cara ardiendo. Enojada, lo empujó. —Aunque no fuera para tanto, a ti qué te importa. Intentó levantarse para irse, pero él la presionó contra el sofá de nuevo. Ella forcejeó para soltarse, pero el cuerpo imponente de Rafael se inclinó sobre ella, envolviéndola con su aroma y su presencia dominante. —Vanessa... Él sonaba peligrosamente seductor. —¿Tuviste el valor de casarte conmigo pero no tienes el valor de cumplir con tus deberes? Él era guapo, con un aire elegante y educado que ocultaba perfectamente su lado más rebelde. Tenía el cuello de la camisa abierto, dejando a la vista un porte muy masculino. A Vanessa se le vino a la mente un recuerdo de hace tres años. “Ni que fuera para tanto”, pensó con el orgullo herido. En un impulso, agarró a Rafael por el cuello de la camisa, lo jaló y lo besó en los labios. Vanessa empezó a besarlo con desesperación, fingiendo que sabía lo que hacía, pero sus movimientos eran torpes y hasta chocó contra sus dientes un par de veces. La mirada de Rafael se volvió intensa y oscura; su expresión mostraba un esfuerzo por controlarse, y sonaba forzado. —¿Tienes idea de en qué te estás metiendo? —Claro que sí, te estoy provocando —respondió ella, todavía molesta, intentando besarlo otra vez—. ¿Qué pasa? ¿Ya te dio miedo? Lo miró con desafío, convencida de que él solo estaba jugando con ella como lo hizo tres años atrás. —No te vayas a arrepentir. Rafael bajó la cabeza y tomó el control, profundizando el beso y robándole todo el aliento. Su cuerpo, ahora cálido, la presionaba contra el mueble, mientras su mano descendía lentamente desde su cintura, acercándose a la raíz de sus muslos. Sus ojos oscuros ya no ocultaban el deseo; su voz, ronca, susurró: —¿Y si terminamos lo que dejamos pendiente hace tres años?

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