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Dra. Verónica López

Dra. Verónica López Facebook ad: “Lee esto si tus encías retroceden”

Dra. Verónica López Facebook ad: Lee esto si tus encías retroceden

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Mi hermana usó hilo dental cada día durante 28 meses. Perdió todos los dientes de abajo un sábado a las 4:17 de la tarde. El dentista nunca le dijo qué estaba realmente roto. Tenía 58 años. Empezó con el irrigador el 8 de junio. Hizo la dieta mediterránea durante dos años y tres meses. Usó el hilo dos veces al día. Sacó a caminar a nuestro golden retriever tres kilómetros cada mañana antes del trabajo, lloviera o hiciera sol. Hizo todo lo que el periodoncista le dijo. El presupuesto de la cirugía llegó a 340,000 pesos. Los implantes iban a costar otros 210,000. Su sonrisa de antes sigue en la foto de la repisa. No puedo verla. Si la veo, esa sonrisa de verdad ya se fue. Necesito contarte lo que le pasó a Diana. Porque cada semana veo publicaciones en Facebook de mujeres como yo: "me sangran las encías cada mañana, el dentista me dijo que use más hilo, ¿algún consejo?", y me revuelve el estómago. Si eres mujer de más de 45 años y te diagnosticaron algo en las encías, o se lo diagnosticaron a tu hermana o a tu mamá, por favor lee todo esto. Sé que es largo. Sé que vas pasando rápido. Sé que tienes cosas que hacer. Hace dieciséis meses yo habría dado lo que fuera, todo, porque alguien me dijera lo que te voy a decir. Diana fue a su revisión dental el 9 de junio de 2022. Se sentía bien. Mejor que bien. Acababa de cumplir 56. Todavía entrenaba al equipo de voleibol de su sobrina. Todavía barría su propio patio. Creía que tenía los dientes sanos, y la verdad yo también lo creía: nunca fumó, nunca faltó a una limpieza, su mamá tenía 87 y todavía conservaba casi todos sus dientes. Tres días después, el dentista la volvió a llamar. Bolsas de 6 milímetros. Sangrado en casi cada punto donde tocaban. Las radiografías salieron con pérdida ósea moderada. El periodoncista lo confirmó dos semanas después. Periodontitis crónica. Etapa 3 ya. "No hay una pastilla para esto. Se trata con limpieza profunda. Raspado y alisado radicular, bajar esas bolsas, cepillado e hilo todos los días. La volvemos a revisar en seis meses." Diana colgó el teléfono y se quedó sentada en la mesa de la cocina cuarenta minutos sin decir nada. Después se paró, abrió el mueble del baño y empezó a llenar una bolsa de basura. La vi tirar el cepillo viejo. Las cintas blanqueadoras. El enjuague de canela. Tres pastas de dientes que usaban los nietos cuando venían. Dos bolsas de los dulces duros que tanto le gustaban. Toda la repisa de abajo de la alacena: las gomitas, los caramelos, las cajetas que amaba. "Se acabó", dijo. "Ya no." Y así fue. Durante 28 meses no rompió la rutina ni una sola vez. Nada de azúcar. Nada de saltarse el hilo. Nada de faltar a una limpieza. Ni en la boda de su mejor amiga en Guadalajara. Ni en su aniversario 35 en Mérida, donde les llevaron una rebanada de pastel de cortesía y ella pidió que se la llevaran. Ni en su propia cena de cumpleaños número 58, donde le preparé pescado a la plancha y ensalada, y ella sonrió y dijo que era la mejor comida de cumpleaños de su vida. Dejó de ir a las carnes asadas de los domingos en casa de su prima porque todos comían dulces y postres pegajosos y ella no podía sentarse ahí con un plato de pollo simple sin sentirse ajena. Dejó de ir a la fonda donde ella y sus amigas se juntaban a desayunar cada sábado desde 1994, porque le daba pena sonreír con las encías sangrando. Perdió a su amiga Maru, que le dijo "ya no eres divertida" y dejó de invitarla. Perdió un pedazo de sí misma que había cargado durante 35 años. Y aun así lo hizo. Porque el dentista se lo dijo. Se hizo seis limpiezas ese año. Usó el irrigador dos veces al día, en verano y en invierno, no importaba. Se compró un cepillo eléctrico de 3,500 pesos. Diana. Con su cepillo eléctrico elegante. Todavía no me la puedo imaginar. Usó el enjuague de clorhexidina que su periodoncista "no le prohibía". Compró la pasta especial para encías. Se enjuagaba con agua tibia con sal cada mañana. Hizo exactamente lo que le dijeron. Hizo todo bien. La revisión de control salió el 6 de diciembre de 2022. Bolsas: 6 milímetros. Sangrado: todavía en casi cada punto. Seis meses haciendo todo bien y los números casi no se movieron. El dentista dijo: "Las encías sanan despacio. Dale más tiempo. La revisamos en seis meses. Siga haciendo lo mismo." Y eso hizo. Junio 2023: 7 milímetros. Sangrado peor. Diciembre 2023: 8 milímetros. Más retracción. La radiografía de enero de 2024 mostró Etapa 4. Había avanzado. Diana llegó a casa esa noche y se sentó en la mesa de la cocina. La misma mesa donde se había sentado después de la primera llamada. No dijo nada durante mucho rato. Después dijo: "Linda, renuncié a todo. A todo lo que me gustaba comer. Uso el hilo dos veces al día. Durante 19 meses. Y está peor." Le dije que le diera más tiempo. Le dije que el periodoncista había dicho que podía tardar dos años. Le dije que confiara en el proceso. Ella asintió. Siguió con el irrigador. Siguió comiendo el pescado y las espinacas. Siguió enjuagándose con la clorhexidina. Cinco días después, cinco días, se despertó a las 2 de la mañana con una punzada en la mandíbula de abajo que la dobló del dolor. La llevé de urgencia al dentista. Cuando la atendieron, a las 4:30 de la mañana, las encías de sus dientes de abajo se habían retraído tanto que las raíces estaban expuestas. No "un poquito". Expuestas. Como tallos largos y amarillos. Como si alguien le hubiera bajado la línea de la encía a jalones. La dentista de guardia, una muchacha joven, no tendría ni 35, vio la radiografía de Diana y su cara hizo algo raro. "Señora, sus bolsas están en 9 milímetros. Casi no queda hueso alrededor de estos dientes de abajo. Están flojos. La vamos a canalizar a cirugía." "Pero llevo más de dos años usando el hilo", dijo Diana. La dentista solo la miró. "Lo sé, señora. Lo siento mucho." Diana pasó las siguientes 6 semanas persiguiendo referencias médicas. Aprendí cosas sobre la enfermedad de las encías que nunca quise saber. Aprendí que cuando el hueso se va, los dientes que sujetaba empiezan a moverse, y las bacterias que tu boca produce cada día se van metiendo más y más adentro de las bolsas, ahí donde ningún cepillo llega. Significa que tu hermana deja de poder masticar. Mira su plato como si tratara de descifrar cómo comérselo. Dice que le duelen cosas que nunca le dolieron. Una noche, Diana empujó su diente de abajo con la lengua tres veces en veinte minutos y me preguntó si yo veía cómo se movía. Sí se veía. Un año antes no se movía. Aprendí que meten algo llamado un chip antibiótico dentro de una bolsa profunda cuando la encía se está viniendo abajo. La higienista me dijo que es el mismo método que usan para tratar de frenar la colonia de bacterias. Dijo que las empuja para atrás un tiempito para que el tejido tal vez se vuelva a pegar, algo que esperaban le diera más tiempo. Le dio unas semanas. Para la semana 4, dos dientes más se aflojaron. Los cirujanos hablaron de un injerto. Después hablaron de que no era buena candidata por lo rápido que se iba el hueso. Después dejaron de hablar de salvar los dientes. Para la semana 5, toda su línea de encía de abajo estaba inflamada y despegándose de cada diente. Le dijeron que la fila de abajo tenía que salir. La higienista lo llamó extracción. Yo llamé a mi hija. El 19 de octubre, el día de la cirugía, yo estaba en la sala de espera al fondo del pasillo. Me habían pedido que saliera. A las 4:11 de la tarde oí que gritaban mi nombre por el corredor. A las 4:17, una asistente joven que nunca había visto entró a la sala de espera. Ya sabía. "Señora. Lo siento mucho. No pudimos salvarlos. Tuvimos que sacar todos los dientes de abajo." La llevé a su casa a las 6:30 de la tarde. El cepillo eléctrico seguía en el lavabo. Sus tenis para caminar junto a la puerta de atrás. La clorhexidina en la ventana arriba del lavabo, justo al lado de la pasta especial. La foto de su sonrisa de antes estaba en la repisa, donde siempre. Donde sigue hoy. Se sentó en su sillón. No habló durante siete horas. La casa estaba tan callada que oía al perro respirar sobre el tapete. 36 años de ser hermanas. Y lo más ruidoso en su casa era un perro dormido. La reconstrucción completa de la boca fue el 26 de octubre. La hija de Diana voló desde Tijuana. Nuestra prima vino desde Monterrey con los nietos. Nuestra otra hermana voló desde Chihuahua. Las nietas traían vestiditos que les quedaban grandes. Mi nieta de cinco años me preguntó: "Abue, ¿por qué la tía Diana no sonríe en las fotos?" Le dije que a la tía Diana le dolían los dientes en ese momento. Me dijo: "¿El dentista se los puede componer?" Tuve que salirme del cuarto. Después de la cirugía, traté de volver a la normalidad. No pude. Porque cada vez que abría Facebook veía mujeres de mi edad, hermanas de mujeres de la edad de Diana, publicando cosas como: "me sangran las encías a los 71 cada que me cepillo, el dentista dice que es gingivitis leve, ¿alguien ha probado el irrigador?" O: "seis meses con dieta mediterránea, sus bolsas no se mueven, ¿qué más podemos intentar?" Y yo sabía, YO SABÍA, que algunas estaban haciendo exactamente lo que hizo Diana. La dieta. El hilo. El irrigador. La clorhexidina. Y terminando donde ella terminó. No podía quedarme sentada viendo cómo pasaba. Así que empecé a investigar. No porque quisiera. Porque tenía que hacerlo. Porque si Diana renunció a dos años y cuatro meses de todo lo que amaba para nada, si no puedo salvar a una sola familia más de lo que le pasó a la mía, entonces no puedo vivir con eso. Leí durante semanas. Estudios que tuve que leer tres veces para entender. Foros de periodontitis donde la gente describía exactamente el mismo camino de Diana. Y una cosa salía una y otra vez, que ningún periodoncista nos dijo. La razón por la que los números de Diana no bajaron es que el cepillado y el hilo solo frenan el daño. No alcanzan lo que ya está roto. Específicamente: la raíz expuesta y la línea de la encía retraída. Cuando la encía se retrae, deja la raíz del diente al descubierto. Y esa parte, justo donde la encía se separó del diente, es la parte que el cepillo y el hilo no pueden cuidar. El cepillo limpia la superficie. El hilo pasa entre los dientes. Pero ninguno de los dos se queda ahí, sobre la raíz expuesta y el borde de la encía retraída, el tiempo suficiente para hacer algo por ese tejido. Y aquí está lo que nadie nos dijo. Un cepillo pasa y se va en segundos. Un enjuague se va con el escupitajo. El irrigador lanza agua un instante y ya. Todo lo que ella usaba tocaba la encía un momento y desaparecía. Nada se quedaba ahí, sobre el tejido lastimado, dándole lo que necesitaba para recuperarse. Léelo otra vez. Diana no perdió las encías porque comiera mal. Las perdió porque cuidaba una superficie que ya estaba limpia, mientras el tejido retraído, la raíz expuesta, el borde de la encía que ya se había separado, no recibía nada que se quedara trabajando ahí. Y por eso limpiar bien no bastó: limpiar la superficie evita que se acumule cosa nueva. No le da al tejido ya retraído lo que le falta para recuperar fuerza y volver a pegarse al diente. Ese daño ya estaba hecho cuando el periodoncista le dijo que usara más hilo. Por eso sus números no se movían. Renunció a todo lo que amaba comer para tallar una superficie que ya estaba limpia, mientras el verdadero problema, la encía retraída y la raíz expuesta, se quedaba ahí sin que nada la tocara de verdad. Me quedé con eso tres días. Y después empecé a ver lo que yo estaba haciendo. Había tirado la clorhexidina de Diana la semana después de la cirugía. Pero me compré un irrigador nuevo para mí. Porque tengo 57. Porque mi última limpieza también salió con sangrado "ligeramente elevado". Porque estaba aterrada. Lo usé un mes. Mi dentista, una distinta a la de Diana, a la que llamé porque confiaba en ella, sonrió cuando le conté. "Linda, el irrigador lanza agua. Y pasa. No se queda sobre la encía retraída dándole nada. Limpia un segundo y se va. No hay nada que se quede trabajando ahí, sobre la raíz expuesta, que es donde está el problema." Después dijo algo que nunca voy a olvidar. "Si Diana hubiera usado algo que de verdad se quedara sobre la encía retraída, cubriendo la raíz expuesta y nutriendo ese tejido todos los días, su historia pudo haber sido muy distinta." Dejé de respirar un segundo. "¿Por qué su dentista no le dijo eso?" Se quedó callada un buen rato. "Porque nosotros no recetamos ese tipo de cosas. Y lo que de verdad se queda sobre la encía y cubre la raíz no es una receta médica." Al día siguiente fui a la farmacia. Me quedé parada en el pasillo cuarenta y cinco minutos. Enjuague bucal. Enjuague blanqueador. Pasta para el cuidado de encías. Kits de "limpieza profunda" de 30 días. Multivitamínicos con "soporte para encías". Puntas genéricas para el irrigador. Compré el enjuague más fuerte. Lo usé tres semanas. Me revisé de nuevo. Nada. Volví a investigar y lo que encontré me hizo tirar la botella a la basura. Un enjuague pasa y se va con el agua. Casi nada se queda tocando la encía retraída. El líquido corre por encima y desaparece antes de hacer nada por la raíz expuesta. Estás pagando por líquidos que nunca se quedan donde tienen que quedarse. Yo había estado haciendo lo correcto en la forma equivocada. Estaba furiosa. Sigo furiosa. Como dos semanas después, estaba a la 1 de la mañana en un foro de periodontitis, el mismo que leía desde la cirugía de Diana, y una mujer de Puebla publicó algo que me dejó helada. Dijo que a su hermana le habían diagnosticado enfermedad de las encías a los 54. Etapa 3. Se hizo las limpiezas. Las bolsas se le hicieron más profundas de todos modos, ¿te suena?, y luego encontró un gel que se aplicaba directo sobre la encía, que cubría la raíz expuesta y se quedaba ahí, sobre la línea de encía retraída, calmando la irritación y dándole al tejido lo que necesitaba para recuperar fuerza. Su sangrado paró. Su encía dejó de retraerse. Y con el uso constante, empezó a verse más firme y más sana. Sin cambiar nada más. Leí esa publicación cuatro veces. Empecé a investigar el tipo de fórmula que mencionó. Y lo que aprendí es que hay tres cosas que un buen cuidado para encías retraídas tiene que hacer al mismo tiempo, o es dinero tirado. Tiene que quedarse sobre la encía y cubrir la raíz expuesta. No pasar y desaparecer como el enjuague o el irrigador. Un gel que se adhiere a la línea de encía y forma una capa que se queda ahí, en contacto con el tejido retraído, en vez de irse en segundos. Tiene que llegar justo al borde donde la encía se separó del diente. Ahí, sobre la raíz expuesta y el margen retraído, es donde el cepillo apenas roza y el hilo solo pasa de largo. Un gel se puede aplicar exactamente en esa línea y quedarse trabajando en el punto exacto del problema. Y tiene que nutrir y calmar el tejido, no solo limpiarlo. Con ingredientes que hidratan la encía, calman la irritación que la hace retraerse y le dan soporte al tejido para que recupere fuerza y se vuelva a adherir al diente. Esta es la parte que nadie le dijo a Diana. Ella tallaba la superficie más limpia de su vida y la encía retraída, la raíz expuesta, no recibía nada que se quedara ahí nutriéndola. Tres cosas. Las tres. Al mismo tiempo. En forma de gel que se aplica directo sobre la encía. Repasé cada producto que había visto en la farmacia. Ni uno hacía las tres. La mayoría no hacía ninguna. Los caros solo lanzaban más agua o eran otra pasta más. Ni un solo gel que se quedara sobre la encía retraída en todo el pasillo. Ahí fue cuando encontré el Gel Reparador de Caniral. Era la única fórmula que encontré que hacía las tres cosas. Ácido hialurónico y aloe vera para hidratar y calmar. CoQ10, manzanilla, té verde y vitaminas C y E para nutrir el tejido y bajar la irritación. Un gel que se aplica directo sobre la encía, dos veces al día, y se queda ahí, cubriendo la raíz expuesta y trabajando sobre la línea de encía retraída. 100% natural, sin fármacos, con garantía de satisfacción de 30 días atada a tus encías de verdad: si tu sangrado y tu molestia no mejoran, te devuelven cada peso, sin preguntas. Casi no lo pido. Después del pasillo de la farmacia. Después del enjuague. Después de Diana. Después de todo. Pero mi amiga Paty estaba con encías retraídas y un diagnóstico de "vigílelo" que su dentista le dio hace año y medio. Mi sobrina en Monterrey acababa de enterarse de que su radiografía mostraba retracción temprana. Y yo tenía mi propio sangrado avanzando hacia el lado equivocado. Lo pedí. Primero para mi amiga Paty. Encías retraídas, raíces empezándose a ver. Diagnosticada hace dieciocho meses, haciéndose las limpiezas, viendo cómo la encía se bajaba de todos modos. No le pregunté. Le mandé un frasco y una nota que decía: "Si no te lo pones todos los días, no te vuelvo a hablar, Paty, en serio." Se lo puso. No dejó sus antojos, es terca como era terca Diana, pero se lo aplicó todas las noches sobre la encía. Fue a su dentista el mes pasado a su revisión. El sangrado había parado. La retracción se había frenado. Su encía se veía más firme y más pegada al diente. Sin cambiar nada más. Misma dieta, misma vida. Lo único que cambió fue el gel que se aplicaba en la encía antes de dormir. Me habló llorando. Mi amiga de 61 años. Llorando por teléfono como una niña. Me dijo: "Linda, creo que Diana perdió sus dientes porque nadie le habló de esto." Tuve que colgar. Luego está mi sobrina en Monterrey. 39 años, dos niñas chiquitas, retracción temprana en su última radiografía. Empezó a usarlo hace ocho semanas. Dice que el sangrado que tenía cada mañana desde hace dos años, el rosita en el lavabo que su dentista le decía que "seguro era de cepillarse muy fuerte", ya no está. Dice que sus encías dejaron de molestarle por primera vez desde el diagnóstico. Mi vecina de enfrente, Patricia. La hermana de ella perdió todos sus dientes catorce meses antes de la cirugía de Diana. Dos de nosotras en la misma cuadra viendo desaparecer las sonrisas de nuestras hermanas. Ella empezó a usarlo tres días después de que le conté, solo por prevención. Dice que es la primera vez desde entonces que no siente que está esperando su propio lavabo rosa. Le conté a mi otra hermana. Le conté a la hija de Diana en Tijuana. Les conté a las señoras de mi grupo de la iglesia. Les conté a las amigas de Diana cuando pasaron a dejar comida. No soy dentista. No soy científica. No estoy vendiendo nada y no me llega ni un peso de esto. Soy una mujer de 57 años sentada en el sillón de mi hermana a las 2 de la mañana porque no puedo dormir y no puedo dejar de pensar en Paty y en mi sobrina en Monterrey y en las mujeres del foro publicando "no me paran de sangrar las encías, ¿qué más podemos intentar?". Esto es lo que sé porque lo viví: Limpiar bien evita que se acumule cosa nueva. No se queda sobre la encía retraída. No le da nada al tejido que ya está dañado. El irrigador lanza agua. Y pasa. No se queda cuidando la raíz expuesta. Un enjuague corre por encima y se va. Lo que la encía retraída necesita es algo que se quede ahí, todos los días. Diana renunció a todo lo que amaba comer durante 28 meses y no salvó sus dientes porque nadie le dijo qué era lo que de verdad estaba roto. Ojalá alguien nos lo hubiera dicho antes del 9 de junio de 2022. Antes del diagnóstico. Antes de la bolsa de basura llena de dulces. Antes de los 28 meses de pescado a la plancha simple. Antes del 19 de octubre a las 4:17 de la tarde. No puedo regresar el tiempo. Los dientes de Diana no van a volver. Su sonrisa de antes sigue en la foto de la repisa y ahí se va a quedar. Pero tú todavía puedes ir hacia adelante. Tu hermana puede. Tu amiga puede. Tú puedes. La página que explica todo esto, por qué el cepillo y el hilo solos no bastaron, qué es lo que tu dentista no te está diciendo sobre la encía retraída, y exactamente qué trae el Gel Reparador de Caniral, es la página que encontré a las 3 de la mañana. No tallar. Cubrir, quedarse y nutrir. Esa es la frase que por fin me hizo entenderlo. Quiero que la leas. No por mí. Por esa persona a la que odiarías ver pasar por esto. 👇 https://caniral.com/pages/retraccion-encias Diana decía: "No puedes cambiar lo que ya pasó. Pero puedes cambiar lo que pasa después." Puedes cambiar lo que pasa después. Linda Hernández, 57 años, Guadalajara, Jalisco P.D. Su sonrisa de antes sigue en esa foto de la repisa. Todavía no puedo verla. Cada mañana paso frente a ella y por un segundo se me olvida. 340,000 pesos en cirugía. 210,000 en implantes. 28 meses renunciando a cada comida que amaba, para nada. Y un gel que mi propia dentista me dijo que pudo haber cambiado todo si lo hubiéramos sabido. Por favor. No termines aquí. No dejes que alguien que amas termine aquí. 👇 https://caniral.com/pages/retraccion-encias P.P.D. No trabajo para Caniral. No me llega un solo peso de esto. Estoy escribiendo esto a las 2:38 de la mañana porque no puedo dormir y el lavabo rosa de Diana sigue en mi mente y Paty tiene 61 y las mujeres de ese foro siguen publicando a las 2 de la mañana y me da miedo cada vez que suena el teléfono. Comparte esto con cualquier persona que ames que tenga problemas de encías. Aunque sea "leve". Aunque sea "para vigilar". Sobre todo entonces. Por favor.

caniral.com

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