México Pragmático Facebook ad: “En los años 2000, la percepción de la…”

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En los años 2000, la percepción de la diversidad respecto al canon dominante era sumamente rígida: el único modelo aceptado y utilizado en la iconografía popular era el de la delgadez, influenciado por los ángeles de Victoria's Secret o los cuerpos esculpidos a base de baile y sudor de artistas como Britney Spears. Si damos un salto de más de veinte años y realizamos un análisis superficial, podríamos pensar que hoy se ha consolidado una idea de belleza pop menos estandarizada y menos sometida a un modelo único. Cada vez más marcas apuestan por modelos con “cuerpos no normativos”, para usar la expresión más extendida. Parecería entonces que la body positivity ha triunfado. Pero la realidad, como casi siempre, es mucho más cruel. El regreso de la delgadez extrema —impulsado también por el uso creciente de productos como Ozempic— demuestra que la obsesión colectiva por ciertos tipos de cuerpo está lejos de haber desaparecido. El consumo de Ozempic se presenta como un atajo rápido y cómodo —además de costoso y elitista— para lucir un cuerpo delgado y afinado. A esto se suma el uso masivo de proteínas, complejos vitamínicos, anabolizantes y la obsesión de los gymbros por cuerpos marcados y testosterónicos, que incluso funcionan como un nuevo criterio para decidir quién es “suficientemente masculino” y quién no. Todo esto confirma que incluir a una modelo plus size en una campaña publicitaria o añadir una categoría curvy en un certamen de belleza no basta para desmantelar la obsesión por determinados cánones estéticos ni para promover una relación más saludable y consciente con nuestros cuerpos. Eliminar la tendencia humana hacia alguna forma de perfección es, en última instancia, imposible. Pero tomar conciencia de cómo el sistema explota justamente estas inseguridades para convertirnos en consumidores más exigentes e implacables con nosotros mismos, puede ser al menos un primer paso. El análisis completo en el 🔗 en nuestra biógrafa








